La oficina, el lugar de trabajo del hombre contemporáneo, donde pasamos más de la mitad de nuestra vida, ha evocado siempre aflicción y angustia. ¿Cómo se puede cambiar?

Una visión que no parece haber cambiado en muchos países en décadas: por ejemplo los españoles son los menos motivados en el trabajo ( sólo lo está un 55 % ), sentimiento íntimamente ligado al entorno laboral.

La oficina siempre ha tenido la culpa de todo.

Maltratada a lo largo de la historia: desde el cuento de Melville, donde Bartleby, el escribiente nihilista, se sentaba detrás de un biombo junto an una ventanita que daba an una pared de ladrillo, pasando por la desolación de los Poemas de la oficina de Benedetti [«Es raro que uno tenga tiempo de verse triste: /siempre suenan una orden, un teléfono, un timbre, / y claro, está prohibido llorar sobre los libros / porque no queda bien que la tinta se corra»].

En España se sigue odiando la oficina. Según una reciente encuesta del fabricante de mobiliario Steelcase en 17 países, únicamente el 23 por ciento de los trabajadores españoles está satisfecho con su lugar de trabajo, a años luz de países como Alemania ( 38 % ) o Estados Unidos ( 40 % ).

¿Qué nos hace sentir mal? ¿Las lámparas fluorescentes en el techo? ¿Las hileras de mesas idénticas? ¿Las humillantes mamparas? ¿El jefe parapetado en su cubículo?

«Dificultad para concentrarse, estrés, no tener la posibilidad de teletrabajar y no disponer de privacidad en espacios abiertos: esos son los principales motivos de la insatisfacción», explica Alejandro Pociña, ingeniero industrial y presidente de Steelcase paran España y Portugal.

Pocos empleados son capaces de elegir dónde trabajar dentro de la oficina: en España, tan sólo un 38 % afirma tener esa opción respecto al 51 por ciento del promedio mundial.

Y lo que es peor: en cuestiones básicas como la posibilidad de concentrarse, facilidad para cambiar de posturas regularmente o bien compartir información con sus compañeros, España también arroja los datos más bajos.

«La insatisfacción de un trabajador afecta directamente a su productividad, ya que produce desmotivación. A ello hay que sumar la influencia negativa y potencialmente hostil que puede suponer la presencia de empleados insatisfechos», añade Pociña.

Parece que an España y an otros países, aún no han llegado las maravillosas oficinas que inundan Silicon Valley.


(imágen de la película Brasil -1985)

El sitio de trabajo lúgubre y deprimente sigue dominando amplios sectores, con un ambiente decimonónico. Escritorio gris, pantalla de ordenador y mirada al reloj cada poco tiempo. Estampida general a la hora de la salida.

CAVERNAS HÚMEDAS. Las oficinas nacieron a principios del siglo XX como cavernas húmedas, con torres de archivos hacinados por todas partes, como si fueran estalagmitas oscuras, explica el escritor Nikil Saval en su libro Cubed: A Secret History of the Workplace, una de las pocas obras dedicadas an analizar la historia de la oficina.

El primer edificio de oficina moderna fue el Larkin Administration Building, del arquitecto Frank Lloyd Wright, construido en la primera década de 1900.



(Larkin Administration Building por Frank Lloyd Wright)


(SC Johnson Wax por Frank Lloyd Wright)

Estuvo inspirado por las teorías del ingeniero Frederick Taylor, que pretendía eliminar todas las deficiencias en las tareas administrativas y trasladar las técnicas industriales a las oficinas, tal y como si fuesen cadenas de producción.


(imágenes de la película Play Time -1967)

A medida que crecía la burocracia en las sociedades occidentales, en los años 50, se extendió el concepto inventado por Taylor de oficina-fábrica: rascacielos casi idénticos donde acudían diariamente – fichando a la entrada y a la salida – decenas de trabajadores como autómatas.


(imágenes de la película Metropolis -1927)

El lugar de trabajo era extremadamente rígido: filas y filas de escritorios iguales para los empleados de más bajo nivel; cubículos idénticos para los funcionarios medios y despachos con algo más de personalidad para los jefes. Una imagen genialmente retratada en El Apartamento, de Billy Wilder ( 1960 ).

Oficinas eficaces, quizá, pero muy desmoralizantes y humillantes para los trabajadores.

Hoy, ese concepto industrial ha cambiado radicalmente sólo en determinados campos.

En todo lo que tiene que ver con tecnología, internet y publicidad, las oficinas parecen más bien lugares de ocio.

Las de Google tienen sala de juegos que incluye futbolín, billar y máquinas de pinball. Todo para que el empleado dé rienda suelta a su creatividad. Sin una gota de agobio, por supuesto.

Las oficinas modernas ya no tienen filas de trabajadores sentados en sillas idénticas. No hay grises, y reina un estilo minimalista y elegante.

Hemos recopilado algunas las mejores oficinas del mundo para trabajar.


(Initiative Media por Ted Moudis Associates)

(Phantom Films por Anirudh Goel)

(LinkedIn Toronto por IA Interior Architects)

Entre ellas, hay algunas españolas, como el Centro Internacional Santander Emprendimiento del Banco Santander, diseñado por los arquitectos Jacobo Gomis y Ángel Blanco, un espacio diáfano inundado de luz natural con muebles con formas redondas y colores claros. Nada que ver con lo que entendemos por oficina.


(Centro Internacional Santander Emprendimiento por Jacobo Gomis y Ángel Blanco)

«El principal problema en España es que se sigue con un esquema de pupitre de colegio, que aparte de generar más volumen de metros cuadrados para cada persona no facilita el trabajo en común», explica Gomis.

«Yo tengo mi mesa, mi silla, mi computador y este es mi mundo. De aquí no salgo y evidentemente que acá no entra nadie. Esto crea muros invisibles pero que resultan del todo infranqueables». Él reinvindicar el concepto de «oficina emocional», algo que todavía está en pañales entre los estudios de arquitectura españoles.

Y es que en el rendimiento, la salud y la satisfacción de los empleados influyen todo tipo de factores, como la iluminación, la climatización, el mobiliario y el color del suelo, tal y como se explica en el Manual de la oficina saludable (Health, wellbeing and productivity in offices: The next chapter for green building), en el que han participado diferentes empresas de diseño de oficinas.

Pero cuidado con trabajar en la oficina perfecta.

Como ya están advirtiendo algunos reconocidos sociólogos, como Richard Sennett, estos lugares de trabajo ideales pueden esconder una trampa.

En ese empeño por cuidar al máximo el bienestar de los empleados subyace la «cultura de la sumisión»: oficinas tan atractivas que «aten» al empleado a fin de que pase en ellas muchas más horas de las necesarias.

vía: arq.com.mx

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