Los edificios que consiguen certificados LEED se caracterizan por tener principalmente:

Sistemas avanzados de ventilación que hacen disminuir los niveles de CO2, al tiempo que mantienen temperaturas óptimas. Esto ayuda significativamente a reducir los síntomas alérgicos y asmáticos, la fatiga y dolores de cabeza de sus ocupantes. En definitiva, en hacer que el edificio sea más sano.

Materiales de construcción y acabados de baja o nula toxicidad, evitando que contaminantes químicos puedan ser inhalados. Nos estamos refiriendo principalmente a los compuestos orgánicos volátiles (COV) como el formaldehído, clorobenceno, etc.

Mayor uso de luz natural y de iluminación eficiente. Esta característica hace que se reduzca el consumo de energía, mejorando además el rendimiento de los trabajadores.

Independientemente del grado de autosuficiencia energética que tengan este tipo de construcciones, es evidente que la buena calidad del aire, lumínica, y el mayor confort térmico, repercute en el bienestar de sus ocupantes, y por tanto en el rendimiento de las tareas que lleven a cabo, que se han llegado a medir en un 3.2%, según estudios de la Universidad de Carnegie Mellon.

(*) Según estudio realizado por la Universidad de San Diego realizado sobre 154 edificios, que indica que en aquellos que poseían certificación LEED se daba 2,88 días menos de baja por enfermedad en los empleados. Considerando una superficie media de 23m2 por trabajador, y 250 días laborables al año, esta disminución de bajas por enfermedad significaba para las empresas 54€/m2 al año. Este incremento de productividad se traduce en una cantidad neta de 215€/m2.

Vía: blog.is-arquitectura.es

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *